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El uso de recompensas ¿apropiado o no?

14 Feb 2020 4:13 PM | Anonymous

Por: Karina Bustamante. Entrenadora certificada de Disciplina Positiva. 

Cuando pensamos en herramientas disciplinarias probablemente se nos vengan a la mente dos de las más comunes, los castigos y las recompensas. Mucho hemos escuchado sobre los efectos y las consecuencias del uso del castigo, sin embargo poco sobre el uso de las recompensas. Los padres quienes han tomado conciencia que el enfoque tradicional de disciplina no da resultado se han visto obligados a buscar otras alternativas diferentes al castigo, sin embargo, aún utilizan las recompensas como herramienta, ya que se desconoce el efecto a largo plazo de su uso.

Pensemos detenidamente ¿cuál es el propósito de ofrecer recompensas? El objetivo principal es que el niño se comporte de la forma en que queremos, siendo esta una herramienta de control. Ofrecer recompensas puede funcionar para que nuestros hijos obedezcan. "Si te portas bien te compro un helado", "Si haces lo que te pido te dejo ver televisión hasta más tarde", o "Si sacas buenas notas  te compro el video juego que tanto quieres", estos son unos cuantos ejemplos de lo que ofrecemos a nuestros hijos a cambio de lo que queremos. Al resultar estas recompensas atractivas para el niño lo movilizaran a comportarse mejor. Ahora, ¿Es este cambio temporal o a largo plazo?

Las recompensas se enfocan en controlar la conducta del niño, mas no en enseñar al niño a comportarse mejor, la motivación que genera su uso es extrínseco, mas no una motivación proveniente de su interior. Al utilizar recompensas movilizamos a los niños  y los llevamos a  concentrarse en lo que va a recibir a cambio, no en los beneficios de comportarse mejor. Para que el cambio de conducta sea duradero la motivación del niño tiene que ser intrínseca, sino el cambio será solo temporal.

Un riesgo que se corre al utilizar recompensas es que el niño eventualmente se aburra o canse de esta estrategia y lo que uno le solía ofrecer no resultara más atractivo para él. Por otro lado, cuando los niños se acostumbran a recibir recompensas suelen querer siempre más. Si antes un helado era suficiente, ahora pedirá dos o quizá uno más grande. Además se le da la importancia a la recompensa, más no a la acción que el niño va a realizar.

Las recompensas desalientan al niño debido a que, si no tiene éxito en lo que el adulto le pide, no obtendrá nada a cambio, sin querer el adulto convierte la estrategia en un castigo, y como consecuencia llevará al niño a sentir resentimiento o incluso a una disminución de su autoestima. Con el uso de recompensas llevamos a los niños a vivir acorde a nuestras expectativas, haciéndolos sentir que nuestra aceptación hacia ellos está condicionada.

El cansancio, el ajetreo del día a día, o la baja tolerancia a la frustración pueden llevar a los padres a utilizar recompensas, ya que es la salida más rápida y fácil para muchos. Otros padres utilizan esta estrategia porque creen es una herramienta eficaz para lidiar con la mala conducta de sus hijos. Como padres tomen en consideración  que lo que resulta "eficaz" a corto plazo, conlleva a  efectos que a largo plazo no serán beneficiosos para sus hijos.


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